FUNDAMENTOS DE LA PODA EN CEREZO

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  PEC Chile - Revista del Cerezo  

CONCEPTOS FISIOLÓGICOS LLEVADOS A LA PRÁCTICA

La Poda de producción debe ser aplicada gradualmente de modo de conservar la estructura ya formada de los árboles y de mantener el balance del huerto. De esta forma permite renovar las estructuras reproductivas, regular la carga frutal, mantener el vigor, incrementar el área foliar y optimizar la eficiencia del uso de la luz solar.

Patricio Espinosa I. Agrónomo, Asesor y consultor frutícola

Asesor Patricio Espinosa

En función a las etapas del ciclo vital de un huerto, los manejos de poda se dividen en Poda de formación, Poda de producción y Poda de renovación. La Poda de formación es la que se realiza en árboles nuevos para configurar su forma y estructura deseada. Poda de producción, la que aplicada de manera gradual a los árboles en etapa productiva o adulta permite conservar la forma adquirida y regular la relación entre la actividad vegetativa y productiva del huerto de cerezos. La Poda de renovación, en tanto, se practica cuando el huerto se encuentra en etapa de senescencia, con el fin de activar y vigorizar la actividad vegetativa y productiva. Esto dependerá de la conveniencia económica de realizar esta labor.

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En función al tipo de corte, realizado en cualquier estructura vegetativa y/o productiva de la planta, el manejo de poda se puede dividir también en Poda de despunte, donde se realiza la remoción parcial de un crecimiento, rama secundaria o principal y Poda de Raleo, en la que se eliminan ramas completas, sean estas secundarias o principales, suprimiéndolas desde donde se originan

LOS OBJETIVOS DE UNA PODA DE PRODUCCIÓN

Además de mantener la forma y estructura del árbol, la poda de producción -en combinaciones de cerezo de alto rendimiento- cumple 4 objetivos fundamentales:

Renovación de estructuras reproductivas

En combinaciones de alta productividad es fundamental evitar el envejecimiento de los centros frutales, dardos y base del crecimiento del año. Se hace necesario renovar anualmente un porcentaje de dardos que hayan cumplido más de cuatro a cinco años de edad. Es ideal que el 80% de los dardos de una rama terminada, que ocupe el total del espacio asignado, tengan en promedio de 3 a 4 yemas florales. Además, es muy importante eliminar todos aquellos crecimientos débiles o decumbentes, longitud de 40 cm o menos y con excesivo endardamiento que solo producen fruta de mala calidad. Así también aquellos muy vigorosos, que desequilibren la planta. Hay sistemas productivos y de conducción que fundan entre el 80% y 90% de su capacidad productiva, en la aptitud de la variedad de producir fruta en la base de los crecimientos del año. Ejemplo, SSA (Super Slender Axes).

Regulación de carga frutal

El objetivo principal de la regulación de carga es lograr obtener el máximo potencial productivo con el máximo potencial de calidad y tamaño del fruto. Para lograrlo es necesario generar una muy buena relación hoja fruto, lo que permitirá a cada fruto disponer de la cantidad suficiente de nutrientes sintetizados para su óptimo desarrollo y calidad. Una de las principales herramientas y de bajo costo es la poda. La estrategia debe considerar que un ajuste temprano de carga es lo más eficaz para la obtención de fruta de buena calidad y condición.

La eliminación de centros frutales, a través de la poda, sea esta de despunte o raleo, generará una menor competencia por carbohidratos entre frutos potenciales, favoreciendo la calidad final de estos.

El despunte invernal realizado en los crecimientos del año, madera de 1 año y en ramas endardadas, es muy recomendable en huertos de alta densidad dado que reduce la carga frutal futura y a la vez genera brotación lateral. Este simple manejo, consistente en la perdida temporal de la dominancia apical, eliminando la inhibición de brotación lateral, puede sin embargo generar sombra excesiva en los sectores intervenidos. La respuesta a la poda tiene directa relación con la intensidad del corte, edad de la madera y ubicación.

Mantener el vigor e incrementar el área foliar

Al despuntar, mediante poda, una cierta sección de la rama productiva, se generará un punto de vigor que estará promoviendo la emisión de brotes laterales, los que constituirán la madera con dardos reproductivos en las próximas temporadas.

La generación de nuevos brotes no sólo permitirá renovar estructuras frutales, sino que también promoverá el desarrollo de nueva área foliar, la cual facilitará el suministro de carbohidratos, favoreciendo un buen desarrollo del fruto. Los huertos de alta densidad y elevada productividad son muy sensibles a los desbalances en la relación hoja/fruto (H/F). Mientras menor sea esta relación, es decir, si el número de hojas o superficie foliar no es suficiente para abastecer a los frutos presentes en el árbol, menor será la calidad de la producción, especialmente en lo relacionado a calibre, color y contenido de sólidos solubles (S.S.). ­­Esto obliga ­­a una renovación permanente de nuevos brotes y hojas que aseguren un buen abastecimiento de fotosintatos para el óptimo desarrollo del fruto.

Optimizar la eficiencia del uso de la luz solar

Los árboles con sombreamiento excesivo presentan reducción de la cuaja frutal, frutos de coloración pobre y menor contenido de sólidos solubles; además de presentar un retraso en la maduración del fruto. La poda invernal permite una mayor entrada de luz hacia el centro del árbol y al tercio basal de los ejes, optimizando la capacidad fotosintética de las hojas. Esto genera un mayor suministro de carbohidratos disponibles para el crecimiento del fruto, mejorando la calidad de yemas reproductivas y favoreciendo el proceso de inducción y diferenciación floral. En combinaciones de alta densidad y productividad, la poda en poscosecha o de verano, puede ser también de gran utilidad para mejorar la entrada de luz al centro de la planta, con todos los efectos positivos que esto genera. Sin embargo, dado que intervenir en este periodo tiene un mayor efecto enanizante o reductor del vigor, para que esto se cumpla debemos tener presente varias consideraciones. Realizar solo en árboles que presenten un vigor medio a alto. Como referencia, la longitud de los crecimientos del año mayores o iguales a entre 50 y 60 cm.

El crecimiento de los brotes del año debe estar detenido, para evitar rebrotes. Una vez determinada la fecha, terminar la labor en no más de 15 a 20 días. Intervenir solo en el tercio superior de la planta.

Una alternativa para evitar el excesivo debilitamiento del árbol, provocado por la poda de verano, es retrasar la poda hacia salidas de invierno o principios de primavera, antes de que se produzca la brotación (julio a agosto, según la zona). Con esto se busca, además, obtener una mejor cicatrización de los cortes y evitar condiciones ambientales favorables para el desarrollo de patógenos que afectan la madera.

Esta poda -en particular- se descompone en cuatro pasos fundamentales:

  • La remoción de ramas colgantes y de madera débil, ya que ésta tiende a producir fruta pequeña.
  • Una poda de despunte para generar nuevos crecimientos
  • Una poda de raleo, lo que permite mejor uso de la luz.
  • Un despunte de crecimientos de un año para estimular el crecimiento de brotes laterales.

Este tipo de poda se debe realizar durante el receso invernal debido a que la poda de verano, al ser debilitante, promueve sobrecarga y fruta pequeña, particularmente en combinaciones enanizantes. Por un lado, la poda en verde elimina hojas con capacidad fotosintética, las que permiten acumular reservas de carbohidratos para la primavera siguiente y, por otro lado, elimina madera que ha almacenado compuestos de reserva.

El cerezo dulce (Prunus avium, L) generalmente presenta un elevado vigor y es lento en entrar en producción, particularmente en combinación con portainjertos vigorosos (ejemplo Mazzard), y es de hábito de crecimiento cerrado. Por ello, en el caso de huertos comerciales modernos, los árboles requieren de un manejo adecuado de su copa a través de intervenciones más bien agresivas, con ocasión de la poda anual, a objeto de atenuar el volumen de la copa y la altura de la planta. Lo anterior logra una alteración de la distribución de la luz, del número de frutos y del área foliar, aportando cerezas más dulces y de un mayor calibre, debido a una mejor relación entre la carga y la absorción de carbohidratos. El exceso de crecimiento vegetativo, en cerezo y otras especies frutales, va en desmedro de la formación de flores y frutos, en tanto que una menor actividad vegetativa favorece la producción de cerezas.

La precocidad -en la fructificación- de un huerto de cerezo, está estrechamente relacionada con una menor actividad vegetativa de la combinación portainjerto/variedad. Esta variará de acuerdo con las características particulares de cada variedad y portainjerto, así como de las condiciones del sitio de plantación. Los huertos modernos, de alta y altísima densidad, en base a portainjertos más débiles (ejemplo Gisela 5 y 6), inducen un menor crecimiento vegetativo en la variedad y una fructificación precoz. Sin embargo, reducen el área foliar y las reservas del tronco y de las raíces de las plantas en relación a densidades menores y combinación portainjertos/variedades más vigorosas, las que presentan una mayor actividad vegetativa y más tardía entrada en producción, la que es más escasa durante los primeros años.

AL PODAR SE DEBE ENTENDER LOS FUNDAMENTOS FISIOLÓGICOS

El productor o encargado del huerto debe conocer las bases fisiológicas de la poda para realizar correctamente esta labor en sus huertos de cerezo y evitar cometer errores desde el establecimiento del cultivo hasta la fase reproductiva de los árboles. Cabe destacar que las diferentes secciones de un árbol de cerezo están estrechamente interrelacionadas, lo que incide en el comportamiento fisiológico y también en expresiones morfológicas de las plantas.

Por ejemplo, en cerezo se produce correlaciones o interrelaciones ya que algunos tejidos, de ciertos órganos, presentan la capacidad de atraer nutrientes que serán empleados en el crecimiento y que, en algunas etapas, provocan inhibición en el desarrollo de otros órganos. Lo anterior se debe a la acción de los reguladores del crecimiento generados por los propios árboles (endógenos), ya sea a nivel radicular o aéreo (copa).

Relacionado con lo anterior, se piensa que las citoquininas -sustancias derivadas de las purinas y elaboradas en los ápices de las raíces- pueden trasladarse hasta el tronco y las ramas y estimular los ápices de los brotes, los que posteriormente elaboran de auxinas, las que, a su vez, por un efecto de polarización, translocarían nutrientes y permitirían el crecimiento de las raíces ya que estimulan el proceso de división celular.

Cabe indicar que existen interacciones entre la actividad vegetativa de las plantas y las diferentes etapas de su ciclo reproductivo, existiendo -por ejemplo- una evidente correlación entre el estado fenológico de la cuaja y la diferenciación a flor de las yemas del árbol (inducción floral).

IMPORTANCIA DE LA INDUCCIÓN FLORAL

Se llama “inducción floral” al cambio fisiológico que ocurre en una yema y que condiciona su evolución a yema de flor. La posterior diferenciación morfológica que sigue a este cambio y que lleva a la aparición de los primordios florales se conoce como “diferenciación floral”.

El conocimiento de dichos procesos es básico para que el productor pueda influir en la cantidad de yemas florales presentes, las que determinarán la intensidad de floración e incidirán -finalmente- en el número de cerezas obtenidas.

En las especies frutales de hoja caduca, como es el cerezo dulce, tiene gran importancia este fenómeno que determina que los ápices de las yemas se destinen a flor (inducción floral). En esta especie la inducción floral ocurre en una fecha posterior a la cosecha de los frutos, durante diciembre a febrero. Es así como el estímulo que permite el cambio de una yema vegetativa a reproductiva se produce durante el verano y su fecha de ocurrencia dependerá de la combinación variedad/portainjerto y del estado del árbol, así como de las condiciones climáticas.

Los primeros cambios que llevan hacia una yema reproductiva se visualizan, aproximadamente, unas cuatro semanas después de la antesis, con ensanchamiento y achatamiento del meristema. Posteriormente, luego de haber transcurrido unas siete semanas, se hacen evidentes los primordios florales en cada bráctea. Finalmente, a la caída de hojas, es posible observar las partes florales en estado aún inmaduro.

La época de diferenciación se ubica entre enero y septiembre -aproximadamente- y los factores que controlan la diferenciación de las yemas son hormonales y nutricionales.

La inducción floral requeriría una adecuada disponibilidad de carbohidratos y en particular de una relación elevada entre estos compuestos y compuestos nitrogenados. Sin embargo, esta inducción dependerá de la acción de reguladores del crecimiento (hormonas endógenas). Cabe destacar que los síntomas de tipo “morfológico” de las yemas son antecedidos por una etapa de preparación o inducción, la que predetermina que esta sea vegetativa o reproductiva.

LAS DOS ETAPAS DE LA INDUCCIÓN FLORAL

La etapa de Inducción reversible, en la que el destino de las yemas es aún reversible o modificable y la etapa de Inducción irreversible, a partir de la cual las yemas están ya definitivamente orientadas, tanto en sentido vegetativo como reproductivo.

Debido a lo anterior, en un árbol de cerezo, la relación de yemas a madera (vegetativas) y yemas a fruto (reproductivas) puede ser alterada mediante manejos agronómicos -solamente- en tanto las yemas se encuentran en la etapa reversible de la fase inductiva.

LA POSICIÓN DE LAS RAMIFICACIONES DEL ÁRBOL

Dado el típico comportamiento acrótono del cerezo, el brote presenta un crecimiento vigoroso y vertical. Sin embargo, esta tendencia natural puede ser modificada a través técnicas tales como el inclinado de los brotes. Cabe destacar que mientras mayor sea la inclinación, más se modificará la acrotonía. A nivel fisiológico, las variaciones en la posición de los brotes ocasionan cambios en la traslocación de compuestos (asimilados), los que tienden a favorecer la entrada en producción del huerto. Tanto la técnica del plegamiento como aquella de inclinación produce en los brotes sometidos a estos tratamientos una reducción del vigor y -por tanto- fomentan la formación de yemas a flor. Es así que estas técnicas permiten modificar el hábito de crecimiento natural y acelerar la entrada en producción de las plantas. En la práctica, en sistemas de conducción clásicos como eje central y sus modificaciones, ha permitido adelantar la producción de fruta en 2-3 años.

La Poda de producción, además de mantener la forma del árbol, permite renovar las estructuras reproductivas, regular la carga frutal, mantener el vigor, incrementar área foliar y optimizar la eficiencia del uso de la luz solar. Es por tanto un manejo clave que incidirá tanto en la cantidad como en la calidad de la fruta producida por un huerto de cerezo y, por esta vía, en el éxito del negocio.



Equipo Prensa
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